Introducción
Las notas que siguen contienen una serie de observaciones
personales sobre algunos aspectos del panorama actual de la educación
matemática, que, por diversas razones que intentaré explicar, distan mucho de
haber alcanzado una fase de estabilidad. En su conjunto, parece que la educación
matemática, por su propia naturaleza, como se indica en la Sección 1, deba ser
uno de esos temas complicados que haya de permanecer en constante revisión. En
la Sección 2 se presentan unas cuantas reflexiones sobre la situación de cambio
en la que actualmente nos encontramos, señalando las razones profundas que nos
mueven en la actualidad para desear salir de algunas vías menos deseables en las
que la enseñanza matemática se introdujo en un pasado reciente. La Sección 3 se
dedica a apuntar algunas tendencias generales que señalan las líneas de trabajo
más llamativas en la actualidad. De estas tendencias se derivan de forma
natural, por una parte, algunos cambios en los principios metodológicos que
deberían guiar la enseñanza y aprendizaje de nuestros días, lo que se presenta
en la Sección 4, y por otra, cambios en los contenidos mismos de nuestra
educación, más acordes con las finalidades que hoy se pretenden, tal como queda
explicado en la Sección 5. Finalmente, la Sección 6 presenta unos pocos
proyectos que, a mi parecer, sería deseable que nuestra comunidad matemática
fuese realizando para conseguir una educación más sana y eficaz. La bibliografía
al final del trabajo remite a unos pocos artículos clave, cuyas bibliograflas
extensas pueden servir como fuente de información más profunda.
Por otra parte, la matemática misma es una
ciencia intensamente dinámica y cambiante. De manera rápida y hasta turbulenta
en sus propios contenidos. Y aun en su propia concepción profunda, aunque de
modo más lento. Todo ello sugiere que, efectivamente, la actividad matemática no
puede ser una realidad de abordaje sencillo.
El otro miembro del
binomio educación-matemática, no es tampoco nada simple. La educación ha de
hacer necesariamente referencia a lo más profundo de la persona, una persona aún
por conformar, a la sociedad en evolución en la que esta persona se ha de
integrar, a la cultura que en esta sociedad se desarrolla, a los medios
concretos personales y materiales de que en el momento se puede o se quiere
disponer, a las finalidades prioritarias que a esta educación se le quiera
asignar, que pueden ser extraordinariamente variadas...
La complejidad de la
matemática y de la educación sugiere que los teóricos de la educación
matemática, y no menos los agentes de ella, deban permanecer constantemente
atentos y abiertos a los cambios profundos que en muchos aspectos la dinámica
rápidamente
mutante de la situación global venga
exigiendo.
La
educación, como todo sistema complejo, presenta una fuerte resistencia al
cambio. Esto no es necesariamente malo. Una razonable persistencia ante las
variaciones es la característica de los organismos vivos sanos. Lo malo ocurre
cuando esto no se conjuga con una capacidad de adaptación ante la mutabilidad de
las circunstancias ambientales.
En la educación matemática a nivel internacional apenas se habían producido cambios de consideración desde principios de siglo hasta los años 60. A comienzos de siglo había tenido lugar un movimiento de renovación en educación matemática, gracias al interés inicialmente despertado por la prestigiosa figura del gran matemático alemán Félix Klein, con sus proyectos de renovación de la enseñanza media y con sus famosas lecciones sobre Matemática elemental desde un punto de vista superior (1908). En nuestro país ejercieron gran influencia a partir de 1927, por el interés de Rey Pastor, quien publicó, en su Biblioteca Matemática, su traducción al castellano.
En los años 60 surgió un fuerte movimiento
de innovación. Se puede afirmar con razón que el empuje de renovación de aquel
movimiento, a pesar de todos los desperfectos que ha traído consigo en el
panorama educativo internacional, ha tenido, con todo, la gran virtud de llamar
la atención sobre la necesidad de alerta constante sobre la evolución del
sistema educativo en matemáticas a todos los niveles. Los cambios introducidos
en los años 60 han provocado mareas y contramareas a lo largo de la etapa
intermedia. Hoy día, podemos afirmar con toda justificación que seguimos estando
en una etapa de profundos cambios.
A continuación quisiera dirigir mi atención
sucesivamente sobre los aspectos más interesantes, a mi parecer, de esta
búsqueda y de algunas respuestas parciales que van surgiendo en el panorama
educativo de la matemática.
3.3. Continuo apoyo en la intuición
directa de lo concreto. Apoyo permanente en lo real
En los años 80
hubo un reconocimiento general de que se había exagerado considerablemente en
las tendencias hacia la «matemática moderna» en lo que respecta al énfasis en la
estructura abstracta de la matemática. Es necesario cuidar y cultivar la
intuición en general, la manipulación operativa del espacio y de los mismos
símbolos. Es preciso no abandonar la comprensión e inteligencia de lo que se
hace, por supuesto, pero no debemos permitir que este esfuerzo por entender deje
pasar a segundo plano los contenidos intuitivos de nuestra mente en su
acercamiento a los objetos matemáticos. Si la matemática es una ciencia que
participa mucho más de lo que hasta ahora se pensaba del carácter de empírica,
sobre todo en su invención, que es mucho más interesante que su construcción
formal, es necesario que la inmersión en ella se realice teniendo en cuenta
mucho más intensamente la experiencia y la manipulación de los objetos de los
que surge. La formalización rigurosa de las experiencias iniciales corresponde a
un estadio posterior. A cada fase de desarrollo mental, como a cada etapa
histórica o a cada nivel científico, le corresponde su propio rigor.
Para
entender esta interacción fecunda entre la realidad y la matemática es necesario
acudir, por una parte, a la propia historia de la matemática, que nos desvela ese proceso de emergencia de nuestra
matemática en el tiempo, y por otra parte, a las aplicaciones de la matemática,
que nos hacen patentes la fecundidad y potencia de esta ciencia. Con ello se
hace obvio cómo la matemática ha procedido de forma muy semejante a las otras
ciencias, por aproximaciones sucesivas, por experimentos, por tentativas, unas
veces fructuosas, otras estériles, hasta que va alcanzando una forma más madura,
aunque siempre perfectible. Nuestra enseñanza ideal debería tratar de reflejar
este carácter profundamente humano de la matemática, ganando con ello en
asequibilidad, dinamismo, interés y atractivo.
3.4. Los procesos del pensamiento
matemático. El centro de la educación matemática
Una de las
tendencias generales más difundidas hoy consiste en el hincapié en la
transmisión de los procesos de pensamiento propios de la matemática, más bien
que en la mera transferencia de contenidos. La matemática es, sobre todo, saber
hacer, es una ciencia
en la que el método claramente
predomina sobre el contenido. Por ello se concede una gran importancia al
estudio de las cuestiones, en buena parte colindantes con la psicología
cognitiva, que se refieren a los procesos mentales de resolución de
problemas.
Por otra parte, existe la conciencia, cada vez más
acusada, de la rapidez con la que, por razones muy diversas, se va haciendo
necesario traspasar la prioridad de la enseñanza de unos contenidos a otros. En
la situación de transformación vertiginosa de la civilización en la que nos
encontramos, es claro que los procesos verdaderamente eficaces de pensamiento,
que no se vuelven obsoletos con tanta rapidez, es lo más valioso que podemos
proporcionar a nuestros jóvenes. En nuestro mundo científico e intelectual tan
rápidamente mutante vale mucho más hacer acopio de procesos de pensamiento
útiles que de contenidos que rápidamente se convierten en lo que Whitehead llamó
«ideas inertes», ideas que forman un pesado lastre, que no son capaces de
combinarse con otras para formar constelaciones dinámicas, capaces de abordar
los problemas del presente.
En esta dirección se encauzan los intensos esfuerzos
por transmitir estrategias heurísticas adecuadas para la resolución de problemas
en general, por estimular la resolución autónoma de verdaderos problemas, más
bien que la mera transmisión de recetas adecuadas en cada materia.
3.5. Los impactos de la nueva
tecnología
La aparición de herramientas tan poderosas
como la calculadora y el ordenador actuales está comenzando a influir
fuertemente en los intentos por orientar nuestra educación matemática primaria y
secundaria adecuadamente, de forma que se aprovechen al máximo de tales
instrumentos. Es claro que, por diversas circunstancias tales como coste,
inercia, novedad, impreparación de profesores, hostilidad de algunos... aún no
se ha logrado encontrar moldes plenamente satisfactorios. Este es uno de los
retos importantes del momento presente. Ya desde ahora se puede presentir que
nuestra forma de enseñanza y sus mismos contenidos tienen que experimentar
drásticas reformas. El acento habrá que ponerlo, también por esta razón, en la
comprensión de los procesos matemáticos más bien que en la ejecución de ciertas
rutinas que en nuestra situación actual ocupan todavía gran parte de la energía
de nuestros alumnos, con el consiguiente sentimiento de esterilidad del tiempo
que en ello emplean. Lo verdaderamente importante vendrá a ser su preparación
para el diálogo inteligente con las herramientas que ya existen, de las que
algunos ya disponen y otros van a disponer en un futuro que ya casi es
presente.
3.6 Conciencia de la importancia de la motivación
Una preocupación general que se observa en
el ambiente conduce a la búsqueda de la motivación del alumno desde un punto de
vista más amplio, que no se limite al posible interés intrínseco de la
matemática y de sus aplicaciones. Se trata de hacer patentes los impactos mutuos
que la evolución de la cultura, la historia, los desarrollos de la sociedad, por
una parte, y la matemática, por otra, se han proporcionado.
Cada vez va siendo
más patente la enorme importancia que los elementos afectivos que involucran a
toda la persona pueden tener incluso en la vida de la mente en su ocupación con
la matemática. Es claro que una gran parte de los fracasos matemáticos de muchos
de nuestros estudiantes tienen su origen en un posicionamiento inicial afectivo
totalmente destructivo de sus propias potencialidades en este campo, que es
provocado, en muchos casos, por la inadecuada introducción por parte de sus
maestros. Por eso se intenta también, a través de diversos medios, que los
estudiantes perciban el sentimiento estético, el placer lúdico que la matemática
es capaz de proporcionar, a fin de involucrarlos en ella de un modo más
hondamente personal y humano.
En nuestro ambiente contemporáneo, con una fuerte
tendencia hacia la deshumanización de la ciencia, a la despersonalización
producida por nuestra cultura computarizada, es cada vez más necesario un saber
humanizado en que el hombre y la máquina ocupen cada uno el lugar que le
corresponde. La educación matemática adecuada puede contribuir eficazmente en
esta importante tarea.
4.1. Hacia
la adquisición de los procesos típicos del pensamiento matemático. La
inculturación a través del aprendizaje activo.
¿Cómo debería
tener lugar el proceso de aprendizaje matemático a cualquier nivel? De una forma
semejante a la que el hombre ha seguido en su creación de las ideas matemáticas,
de modo parecido al que el matemático activo utiliza al enfrentarse con el
problema de matematización de la parcela de la realidad de la que se
ocupa.
Se trata, en primer lugar, de ponernos en contacto
con la realidad matematizable que ha dado lugar a los conceptos matemáticos que
queremos explorar con nuestros alumnos. Para ello deberíamos conocer a fondo el
contexto histórico que enmarca estos conceptos adecuadamente. ¿Por qué razones
la comunidad matemática se ocupó con ahínco en un cierto momento de este tema y
lo hizo el verdadero centro de su exploración tal vez por un período de siglos?
Es extraordinariamente útil tratar de mirar la situación con la que ellos se
enfrentaron con la mirada perpleja con que la contemplaron ínicialmente. La
visión del tema que se nos brinda en muchos de nuestros libros de texto se
parece en demasiadas ocasiones a una novela policiaca que aparece ya destripada
desde el principio por haber comenzado contando el final. Contada de otra forma
más razonable podría ser verdaderamente apasionante.
Normalmente la
historia nos proporciona una magnífica guía para enmarcar los diferentes temas,
los problemas de los que han surgido los conceptos importantes de la materia,
nos da luces para entender la razón que ha conducido al hombre para ocuparse de
ellos con interés. Si conocemos la evolución de las ideas de las que pretendemos
ocuparnos, sabremos perfectamente el lugar que ocupan en las distintas
consecuencias, aplicaciones interesantes que de ellas han podido surgir, la
situación reciente de las teorías que de ellas han
derivado...
En otras ocasiones el acercamiento inicial se puede
hacer a través del intento directo de una modelización de la realidad en la que
el profesor sabe que han de aparecer las estructuras matemáticas en cuestión. Se
puede acudir para ello a las otras ciencias que hacen uso de las matemáticas, a
circunstancias de la realidad cotidiana o bien a la presentación de juegos
tratables matemáticamente, de los que en más de una ocasión a lo largo de la
historia han surgido ideas matemáticas de gran profundidad, como veremos más
adelante.
Puestos con nuestros estudiantes delante de las
situaciones-problema en las que tuvo lugar la gestación de las ideas con las que
queremos ocupamos, deberemos tratar de estimular su búsqueda autónoma, su propio
descubrimiento paulatino de estructuras matemáticas sencillas, de problemas
interesantes relacionados con tales situaciones que surgen de modo
natural.
Es claro que no podemos esperar que nuestros alumnos
descubran en un par de semanas lo que la humanidad elaboró tal vez a lo largo de
varios siglos de trabajo intenso de mentes muy brillantes. Pero es cierto que la
búsqueda con guía, sin aniquilar el placer de descubrir, es un objetivo
alcanzable en la enseñanza y aprendizaje de las matemáticas, así como la
detección de técnicas concretas, de estrategias útiles de pensamiento en el
campo en cuestión y de su transmisión a los estudiantes.
La teoría, así
concebida, resulta llena de sentido, plenamente motivada y mucho más fácilmente
asimilable. Su aplicación a la resolución de los problemas, que en un principio
aparecían como objetivos inalcanzables, puede llegar a ser una verdadera fuente
de
satisfacción y placer intelectual, de asombro ante
el poder del pensamiento matemático eficaz y de una fuerte atracción hacia la
matemática.
4.2. Sobre el
papel de la historia en el proceso de formación del matemático
A mi
parecer, un cierto conocimiento de la historia de la matemática, debería formar
parte indispensable del bagaje de conocimientos del matemático en general y del
profesor de cualquier nivel, primario, secundario o terciario, en particular. Y,
en el caso de este último, no sólo con la intención de que lo pueda utilizar
como instrumento en su propia enseñanza, sino primariamente porque la historía
le puede proporcionar una visión verdaderamente humana de la ciencia y de la
matemática, de lo cual suele estar también el matemático muy necesitado.
La visión
histórica transforma meros hechos y destrezas sin alma en porciones de
conocimiento buscadas ansiosamente y en muchas ocasiones con genuina pasión por
hombres de carne y hueso que se alegraron inmensamente cuando por primera vez
dieron con ellas. Cuántos de esos teoremas, que en nuestros días de estudiantes
nos han aparecido como verdades que salen de la oscuridad y se dirigen hacia la
nada, han cambiado de aspecto para nosotros al adquirir un perfecto sentido
dentro de la teoría, después de haberla estudiado más a fondo, incluído su
contexto histórico y biográfico.
La perspectiva histórica nos acerca a la
matemática como ciencia humana, no endiosada, a veces penosamente reptante y en
ocasiones falible, pero capaz también de corregir sus errores. Nos aproxima a
las interesantes personalidades de los hombres que han ayudado a impulsarlas a
lo largo de muchos siglos, por motivaciones muy distintas.
Desde el punto de
vista del conocimiento más profundo de la propia matemática, la historia nos
proporciona un cuadro en el que los elementos aparecen en su verdadera
perspectiva, lo que redunda en un gran enriquecimiento tanto para el matemático
técnico, como para el que enseña. Si cada porción de conocimiento matemático de
nuestros libros de texto llevara escrito el número de un siglo al que se le
pudiera asignar con alguna aproximación, veríamos saltar locamente los números,
a veces dentro de la misma página o del mismo párrafo. Conjuntos, números
naturales, sistemas de numeración, números racionales, reales, complejos, ...
decenas de siglos de distancia hacia atrás, hacia adelante, otra vez hacia
atrás, vertiginosamente. No se trata de que tengamos que hacer conscientes a
nuestros alumnos de tal circunstancia. El orden lógico no es necesariamente el
orden histórico, ni tampoco el orden didáctico coincide con ninguno de los dos.
Pero el profesor debería saber cómo han ocurrido las cosas, para:
- comprender mejor las
dificultades del hombre genérico, de la humanidad, en la elaboración de las
ideas matemáticas, y a través de ello las de sus propios
alumnos;
-
entender mejor la ilación de las ideas, de los motivos y variaciones de la
sinfonía matemática;
- utilizar este saber como
una sana guía para su propia pedagogía.
El conocimiento de la historia proporciona
una visión dinámica de la evolución de la matemática. Se puede barruntar la
motivación de las ideas y desarrollos en el inicio. Ahí es
donde se pueden buscar las ideas originales en toda su sencillez y originalidad,
todavía con
su sentido de aventura, que muchas veces se
hace desaparecer en los textos secundarios. Como dice muy acertadamente O.
Toeplitz:
«Con respecto a todos los temas básicos del cálculo
infinitesimal...teorema del valor medio, serie de Taylor,... nunca se suscita la
cuestión ¿Por qué así precisamente? o ¿Cómo se llegó a ello? Y sin embargo,
todas estas cuestiones han tenido que ser en algún tiempo
objetivos de una intensa búsqueda, respuestas a preguntas candentes...
Si volviéramos a los orígenes de estas ideas, perderían esa apariencia de muerte
y de hechos disecados y volverían a tomar una vida fresca y pujante».
Tal visión
dinámica nos capacitaría para muchas tareas interesantes en nuestro trabajo
educativo:
- posibilidad de
extrapolación hacia el futuro;
- inmersión creativa en las
dificultades del pasado;
- comprobación de lo tortuoso
de los caminos de la invención, con la percepción de la ambigüedad, obscuridad,
confusión iniciales, a media luz, esculpiendo torsos inconclusos...
Por otra
parte, el conocimiento de la historia de la matemática y de la biografía de sus
creadores más importantes nos hace plenamente conscientes del carácter
profundamente histórico, es decir, dependiente del momento y de las
circunstancias sociales, ambientales, prejuicios del momento, ... así como de
los mutuos y fuertes impactos que la cultura en general, la filosofía, la
matemática, la tecnología, las diversas ciencias han ejercido unas sobre otras.
Aspecto este último del que los mismos matemáticos enfrascados en su quehacer
técnico no suelen ser muy conscientes, por la forma misma en que la matemática
suele ser presentada, como si fuera inmune a los avatares de la historia.
Desgraciadamente, tanto para el estudiante que desea sumergirse en la
investigación matemática como para el que quiere dedicarse a sus
aplicaciones a la enseñanza, la historia de la matemática suele estar
totalmente ausente de la formación universitaria en nuestro país. A mi parecer
sería extraordinariamente conveniente que las diversas materias que enseñamos se
beneficiaran de la visión histórica, como he dicho arriba, y que a todos
nuestros estudiantes se les proporcionara siquiera un breve panorama global del
desarrollo histórico de la ciencia que les va a ocupar toda su vida. Mientras
llega una situación razonable yo me atrevería a aconsejar:
- la lectura atenta de
algunos de los numerosos y excelentes tratados de historia que van apareciendo
en castellano (Boyer, Kline, Colette, Grattan-Guinness...);
- acudir, para los temas del
interés particular de cada uno, a las fuentes originales, especialmente de los
clásicos;
-
leer las biografías de los grandes matemáticos, al menos en la forma sucinta en
que aparecen en el Dictionary of Scientific Biography.
4.3. Sobre la utilización de la
historia en la educación matemática
El valor del
conocimiento histórico no consiste en tener una batería de historietas y
anécdotas curiosas para entretener a nuestros alumnos a fin de hacer un alto en
el camino.
La historia se puede y se debe utilizar, por ejemplo,
para entender y hacer comprender una idea difícil del modo más adecuado. Quien
no tenga la más mínima idea de las vueltas y revueltas que el pensamiento
matemático ha recorrido hasta dar, pongamos por caso, con la noción
rigurosamente formalizada del número complejo, se sentirá tal vez justificado
para introducir en su enseñanza los números complejos como «el conjunto de los
pares de números reales entre los cuales se establecen las siguientes
operaciones...».
Quien sepa que ni Euler ni Gauss, con
ser quienes eran, llegaron a dar ese rigor a los números complejos y que a pesar
de ello pudieron hacer cosas maravillosas relacionadas con ellos, se preguntará
muy seriamente acerca de la conveniencia de tratar de introducir los complejos
en la estructura cristalizada antinatural y dificil de tragar, que sólo después
de varios siglos de trabajo llegaron a tener.
Los diferentes
métodos del pensamiento matemático, tales como la inducción, el pensamiento
algebraico, la geometría analítica, el cálculo
infinitesimal, la topología la probabilidad,... han surgido en circunstancias
históricas muy interesantes y muy peculiares, frecuentemente en la mente de
pensadores muy singulares, cuyos méritos, no ya por justicia, sino por
ejemplaridad, es muy útil resaltar.
La historia debería ser un potente auxiliar
para objetivos tales como:
- hacer patente la
forma peculiar de aparecer las ideas en matemáticas;
- enmarcar temporalmente y
espacialmente las grandes ideas, problemas, junto con su motivación,
precedentes;
- señalar los problemas abiertos de cada época, su evolución, la situación en la
que se encuentran actualmente;
- apuntar las conexiones
históricas de la matemática con otras ciencias, en cuya interacción han surgido
tradicionalmente gran cantidad de ideas importantes.
4.4. La heurística ("problem
solving") en la enseñanza de la matemática
La enseñanza a
través de la resolución de problemas es actualmente el método más invocado para
poner en práctica el principio general de aprendizaje activo y de inculturación
mencionado en el punto 4.1. Lo que en el fondo se persigue con ella es
transmitir en lo
posible de una manera sistemática los
procesos de pensamiento eficaces en la resolución de verdaderos
problemas.
Tengo un verdadero problema cuando me encuentro en
una situación desde la que quiero llegar a otra, unas veces bien conocida, otras
un tanto confusamente perfilada, y no conozco el camino que me puede llevar de
una a otra. Nuestros libros de texto están, por lo general, repletos de meros
ejercicios y carentes de verdaderos problemas. La apariencia exterior puede ser
engañosa. También en un ejercicio se expone una situación y se pide que se
llegue a otra: Escribir el coeficiente de x7 en el desarrollo de (1 +x)32. Pero si esta actividad, que fue un
verdadero problema para los algebristas del siglo XVI, se encuentra, como suele
suceder, al final de una sección sobre el binomio de Newton, no constituye ya
ningún reto notable. El alumno tiene los caminos bien marcados. Si no es capaz
de resolver
un problema semejante, ya sabe que lo que
tiene que hacer es aprenderse la lección primero.
La enseñanza por
resolución de problemas pone el énfasis en los procesos de pensamiento, en los
procesos de aprendizaje y toma los contenidos matemáticos,
cuyo valor no se debe en absoluto dejar a un lado, como campo de operaciones
privilegiado para la tarea de hacerse con formas de pensamiento eficaces.
Se trata de
considerar como lo más importante:
- que el alumno
manipule los objetos matemáticos;
- que active su propia
capacidad mental;
- que ejercite su
creatividad;
- que reflexione sobre su propio proceso de pensamiento a fin de mejorarlo
conscientemente;
- que, a ser posible, haga
transferencias de estas actividades a otros aspectos de su trabajo
mental;
-
que adquiera confianza en sí mismo;
- que se divierta con su
propia actividad mental;
- que se prepare así para
otros problemas de la ciencia y, posiblemente, de su vida cotidiana;
- que se prepare
para los nuevos retos de la tecnología y de la ciencia.
¿Cuáles son las
ventajas de este tipo de enseñanza? ¿Por qué esforzarse para conseguir tales
objetivos? He aquí unas cuantas razones interesantes:
- porque es lo mejor que
podemos proporcionar a nuestros jóvenes: capacidad autónoma para resolver sus
propios problemas;
- porque el mundo evoluciona
muy rápidamente: los procesos efectivos de adaptación a los cambios de nuestra
ciencia y de nuestra cultura no se hacen obsoletos;
- porque el trabajo se puede
hacer atrayente, divertido, satisfactorio, autorrealizador y creativo;
- porque muchos de
los hábitos que así se consolidan tienen un valor universal, no limitado al
mundo de las matemáticas;
- porque es aplicable a todas
las edades.
¿En qué consiste la novedad? ¿No se ha enseñado
siempre a resolver problemas en nuestras clase de matemáticas? Posiblemente los
buenos profesores de todos los tiempos han utilizado de forma espontánea los
métodos que ahora se propugnan. Pero lo que tradicionalmente se ha venido
haciendo por una buena parte de nuestros profesores se puede resumir en las
siguientes fases:
exposición de contenidos -
ejemplos - ejercicios sencillos - ejercicios más complicados -
¿problemas?
La forma de presentación de un tema matemático basada
en el espíritu de la resolución de problemas debería proceder más o menos
del siguiente modo:
Propuesta de la situación problema de la
que surge el tema (basada en la historia, aplicaciones, modelos,
juegos...)
-
manipulación autónoma por los estudiantes
- familiarización con la
situación y sus dificultades
- elaboración de estrategias
posibles
-
ensayos diversos por los estudiantes
- herramientas elaboradas a
lo largo de la historia (contenidos motivados)
- elección de
estrategias
- ataque y resolución de los problemas
- recorrido crítico
(reflexión sobre el proceso)
- afianzamiento formalizado
(si conviene)
- generalización
- nuevos
problemas
-
posibles transferencias de resultados, de métodos, de ideas...
En todo el proceso el
eje principal ha de ser la propia actividad dirigida con tino por el profesor,
colocando al alumno en situación de participar, sin
aniquilar el placer de ir descubriendo por sí mismo lo que los grandes
matemáticos han logrado con tanto esfuerzo. Las ventajas del procedimiento bien
llevado son claras: actividad contra pasividad, motivación contra aburrimiento,
adquisición de procesos válidos contra rígidas rutinas inmotivadas que se
pierden en el olvido....
En mi opinión el método de enseñanza por resolución
de problemas presenta algunas dificultades que no parecen aún satisfactoriamente
resueltas en la mente de algunos profesores y mucho menos en la forma práctica
de llevarlo a cabo. Se trata de armonizar adecuadamente las dos componentes que
lo integran, la componente heurística, es decir, la atención a los procesos de
pensamiento, y los contenidos específicos del pensamiento matemático.
A mi
parecer existe en la literatura actual una buena cantidad de obras excelentes
cuya atención primordial se centra en los aspectos heurísticos, puestos en práctica sobre contextos diversos, unos más
puramente lúdicos, otros con sabor más matemático. Algunas de estas obras
cumplen a la perfección, en mi opinión, su cometido de transmitir el espíritu
propio de la actitud de resolución de problemas y de confirmar en quien se
adentra en ellas las actitudes adecuadas para la ocupación con este tipo de
actividad. Sin embargo, creo que aún no han surgido intentos serios y sostenidos
por producir obras que efectivamente apliquen el espíritu de la resolución de
problemas a la transmisión de aquellos contenidos de la matemática de los
diversos niveles que en la actualidad pensamos que deben estar presentes en
nuestra educación.
Lo que suele suceder a aquellos profesores
genuinamente convencidos de la bondad de los objetivos relativos a la
transmisión de los procesos de pensamiento es que viven una especie de
esquizofrenia, tal vez por falta de modelos adecuados, entre los dos polos
alrededor de los que gira su enseñanza, los contenidos y los procesos.
Los viernes ponen el énfasis en los procesos de pensamiento,
alrededor de situaciones que nada tienen que ver con los programas de su
materia, y los demás días de la semana se dedican con sus alumnos a machacar
bien los contenidos que hay que cubrir, sin acordarse
para nada de lo que el viernes pasado practicaron. Sería muy necesario
que surgieran modelos, aunque fueran parciales, que integraran en un todo
armonioso ambos aspectos de nuestra educación matemática.
De todos modos,
probablemente se puede afirmar que quien está plenamente imbuído en ese espíritu
de la resolución de problemas se enfrentará de una manera mucho más adecuada a
la tarea de transmitir competentemente los contenidos de su programa. Por ello,
considero importante trazar, aunque sea someramente, las líneas de trabajo que
se pueden seguir a fin de conseguir una eficaz preparación en el tema.
4.5. Sobre la preparación necesaria para la
enseñanza de la matemática a través de la resolución de problemas
La
preparación para este tipo de enseñanza requiere una inmersión personal, seria y
profunda. No se trata meramente de saber unos cuantos trucos superficiales, sino
de adquirir unas nuevas actitudes que calen y se vivan profundamente.
A mi
parecer, esta tarea se realiza más efectivamente mediante la formación de
pequeños grupos de trabajo. El trabajo en grupo en este tema tiene una serie de
ventajas importantes:
- proporciona la posibilidad
de un gran enriquecimiento, al permitirnos percibir las distintas formas de
afrontar una misma situación-problema;
- se puede aplicar el método
desde diferentes perspectivas, unas veces en el papel de moderador del grupo,
otras en el de observador de su dinámica;
- el grupo proporciona apoyo
y estímulo en una labor que de otra manera puede resultar dura, por su
complejidad y por la constancia que requiere;
- el trabajo con otros nos da
la posibilidad de contrastar los progresos que el método es capaz de producir en
uno mismo y en otros;
- el trabajo en grupo
proporciona la posibilidad de prepararse mejor para ayudar a nuestros
estudiantes en una labor semejante con mayor conocimiento de los resortes que
funcionan en diferentes circunstancias y personas.
Algunos de los
aspectos que es preciso atender en la práctica inicial adecuada son los
siguientes:
- exploración de los
diferentes bloqueos que actúan en cada uno de nosotros, a fin de conseguir una
actitud sana y agradable frente a la tarea de resolución de problemas;
- práctica de los
diferentes métodos y técnicas concretas de desbloqueo;
- exploración de las
aptitudes y defectos propios más característicos, con la elaboración de una
especie de autorretrato heurístico;
- ejercicio de diferentes
métodos y alternativas;
- práctica sostenida de
resolución de problemas con la elaboración de sus protocolos y su análisis en
profundidad.
4.6. Diseño de una reunión de trabajo
en grupo
Me parece que puede resultar útil en este punto
sugerir un posible diseño para una reunión de trabajo en grupo según un esquema
que yo mismo he practicado en diferentes ocasiones con provecho
razonable.
Un equipo de trabajo puede constar de cinco o seis
personas. Se podrían reunir una vez por semana durante un buen periodo, como de
un año. Una sesión típica puede durar una hora y media. La sesión tiene dos
partes bien diferenciadas, siendo la segunda la verdaderamente importante. La
primera parte tiene por objeto ir ampliando el panorama de conocimientos
teórico-prácticos del grupo.
Primera parte (media hora). Uno de los
miembros del equipo ha preparado, mediante lecturas adecuadas, un tema bien
concreto de naturaleza teórico-práctica, que podría consistir, por ejemplo, en
el estudio de los bloqueos mentales de naturaleza afectiva. Lo expone
en 20 minutos y se establece un periodo de discusión, comentarios,
preguntas, aclaraciones, de 10 minutos.
Segunda parte (una hora). Una de las
personas del grupo va a actuar en esta segunda parte como secretario, observador
y seleccionador de problemas. Otra de ellas actuará como moderador. Los papeles
de los componentes del grupo serán desempeñados por turno en diferentes
reuniones.
El secretario para esta reunión ha elegido con
anterioridad unos cuatro o cinco problemas que propone al resto. Es conveniente
que sean verdaderos problemas, pero que al mismo tiempo no excedan la capacidad
del grupo de resolverlos en un tiempo sensato. Es conveniente que el mismo
secretario se haya familiarizado con las formas de resolver los problemas, pues
aunque durante el proceso tendrá que actuar meramente como observador, al final
deberá él mismo iluminar y complementar los resultados alcanzados por el
grupo.
Hay que recalcar que la finalidad principal de la
actividad que el grupo va a realizar puede quedar perfectamente cumplida aunque
los problemas no se resuelvan. Es muy conveniente, sin embargo, desde el punto
de vista de la motivación, que los problemas elegidos, por una parte,
constituyan un verdadero reto, pero que al mismo tiempo sean susceptibles de
solución por el grupo.
La misión del secretario-observador, aparte de la
elección de los problemas, consiste en observar e ir anotando los puntos más
importantes del camino que sigue el resto del grupo en busca de la solución del
problema. El es el encargado de realizar el protocolo del proceso y sus
observaciones y notas han de ayudar muy sustancialmente para la reflexión final
que ha de seguir a esta etapa de trabajo. En general, permanecerá en silencio,
cosa nada fácil de llevar a cabo, pero parece conveniente que intervenga en
alguna ocasión, si es necesario, por ejemplo, para preguntar sobre el origen de
una nueva idea de algún componente del grupo, que probablemente se alejaría de
su memoria si se espera al período de reflexión al final del proceso.
Como antes
ha quedado dicho, de los otros cuatro o cinco componentes del grupo uno actua
como moderador para esta reunión de trabajo. Los papeles de ponente, secretario
y moderador van rotando en cada sesión. La forma de proceder del grupo hacia la
resolución del problema puede ser muy variada y sería conveniente experimentar
diferentes esquemas para que cada grupo elija el que mejor se le adapta.
Lo
verdaderamente importante es que se cree una atmósfera en el grupo libre de
inhibiciones, libre de competitividad, en que cada uno esté deseoso de aportar
sin imponer, abierto a aceptar incluso lo que a primera vista pueda parecer más
estrafalario, colaborando gustosamente para mejorar las ideas iniciadas por los
otros y viendo con gusto cómo los otros van perfeccionando las ideas propuestas
por él. La tarea esencial del moderador es precisamente mantener permanentemente
este clima, estimulando, si hace falta, la aportación del que tiende a callar
demasiado e inhibiendo con suavidad la del que tiende a hablar en exceso,
animando cuando el grupo parece quedarse pegado, tratando de abrir nuevas vías
cuando todo parece cerrado...
El esquema concreto de trabajo puede tener lugar
según estas cuatro fases que pueden servir como marco muy general:
- El grupo se familiariza con
el problema.
- En busca de estrategias posibles.
- El grupo selecciona y lleva
adelante las estrategias que parecen más adecuadas.
- El grupo reflexiona sobre
el proceso que ha seguido.
En la bibliografia al final de estas notas se pueden
encontrar varios lugares en los que he tratado de proporcionar una descripción
más detallada de esta forma de proceder.
4.7. Modelización y aplicaciones en la
educación matemática
Existe en la actualidad una fuerte corriente en
educación matemática que sostiene con fuerza la necesidad de que el aprendizaje
de las matemáticas no se realice explorando las construcciones matemáticas en si
mismas, en las diferentes formas en que han cristalizado a lo largo de los
siglos, sino en continuo contacto con las situaciones del mundo real que les
dieron y les siguen dando su motivación y vitalidad.
Tal corriente está en
plena consonancia con las ideas antes desarrolladas y parece como un corolario
natural de ellas. La matemática, como hemos visto, se origina como un intento
por explorar, en su peculiar modo, las diferentes estructuras complejas que se
prestan a ello. La creación del matemático se realiza espontáneamente en este
intento por dominar aspectos matematizables de la realidad. La educación
matemática debería tener por finalidad principal la inculturación, tratando de
incorporar en ese espíritu matemático a los más jóvenes de nuestra
sociedad.
Parece obvio gue si nos limitáramos en nuestra
educación a una mera presentación de los resultados que constituyen el edificio
puramente teórico que se ha desarrollado en tal intento, dejando a un lado sus
orígenes en los problemas que la realidad presenta y sus aplicaciones para
resolver tales problemas, estaríamos ocultando una parte muy interesante y
sustancial de lo que la matemática verdaderamente es. Aparte de que estaríamos
con ello prescindiendo del gran poder motivador que la modelización y las
aplicaciones poseen.
4.8. El papel del juego en la
educación matemática
La actividad matemática ha tenido desde siempre una
componente lúdica que ha sido la que ha dado lugar a una buena parte de las
creacciones más interesantes que en ella han surgido.
El juego, tal como el
historiador J. Huizinga lo analiza en su obra Homo ludens, presenta unas
cuantas características peculiares:
- es una actividad
libre, en el sentido de la paideia griega, es decir, una actividad que se
ejercita por sí misma, no por el provecho que de ella se
pueda derivar;
- tiene una cierta función en
el desarrollo del hombre; el cachorro humano, como el animal, juega y se prepara
con ello para la vida; también el hombre adulto juega y al
hacerlo experimenta un sentido de liberación, de evasión, de relajación;
- el juego no es
broma;el peor revientajuegos es el que no se toma en serio su juego;
- el juego, como la
obra de arte, produce placer a través de su contemplación y de su
ejecución;
-
el juego se ejercita separado de la vida ordinaria en el tiempo y en el
espacio;
-
existen ciertos elementos de tensión en él, cuya liberación y catarsis causan
gran placer;
- el juego da origen a lazos especiales entre quienes lo practícan;
- a través de sus
reglas el juego crea un nuevo orden, una nueva vida, llena de ritmo y
armonía.
Un breve análisis de lo que representa la actividad
matemática basta para permitirnos comprobar que muchos de estos rasgos
están bien presentes en ella. La matemática, por su
naturaleza misma, es también juego, si bien este juego implica otros aspectos,
como el científico, instrumental, filosófico, que juntos hacen de la actividad
matemática uno de los verdaderos ejes de nuestra cultura.
Si el juego y la
matemática, en su propia naturaleza, tienen tantos rasgos comunes, no es menos
cierto que también participan de las mismas características en lo que respecta a
su propia práctica. Esto es especialmente interesante cuando nos preguntamos por
los métodos más adecuados para transmitir a nuestros alumnos el profundo interés
y el entusiasmo que las matemáticas pueden generar y para
proporcionar una primera familiarización con los procesos usuales de la
actividad matemática.
Un juego comienza con la introducción de una serie de
reglas, un cierto número de objetos o piezas, cuya función en el juego viene
definida por tales reglas, exactamente de la misma forma en que se puede
proceder en el establecimiento de una teoría matemática por definición
implícita: «Se nos dan tres sistemas de objetos. Los del primer sistema los
llamaremos puntos, los del segundo rectas...» (Hilbert, Grundlagen der Geometrie).
Quien se introduce en la práctica de un
juego debe adquirir una cierta familiarización con sus reglas, relacionando unas
piezas con otras al modo como el novicio en matemáticas compara y hace
interactuar los primeros elementos de la teoría unos con otros. Estos son los
ejercicios elementales de un juego o de una teoría matemática.
Quien desea avanzar
en el domínio del juego va adquiriendo unas pocas técnicas simples que, en
circunstancias que aparecen repetidas a menudo, conducen al éxito. Estos son los
hechos y lemas básicos de la teoría que se hacen fácilmente accesibles en una
primera familiarización con los problemas sencillos del campo.
Una exploración más
profunda de un juego con una larga historia proporciona el conocimiento de los
caminos peculiares de proceder de los que han sido los
grandes maestros en el campo. Estas son las estrategias de un nivel más profundo
y complejo que han requerido una intuición especial, puesto que se encuentran a
veces bien alejadas de los elementos iniciales del juego. Esto corresponde en
matemáticas a la fase en la que el estudiante trata de asimilar y hacer
profundamente suyos los grandes teoremas y métodos que han sido creados a través de la historia. Son los procesos de las mentes más
creativas que están ahora a su disposición para que él haga uso de ellas en las
situaciones más confusas y delicadas.
Más tarde, en los juegos más sofisticados, donde la
reserva de problemas nunca se agota, el jugador experto trata de resolver de
forma original situaciones del juego que nunca antes han sido exploradas. Esto
corresponde al enfrentamiento en matemáticas con los problemas abiertos de la
teoría.
Finalmente, hay unos pocos que son capaces de crear
nuevos juegos, ricos en ideas interesantes y en situaciones capaces de
motivar estrategias y formas innovadoras de jugar. Esto es
paralelo a la creación de nuevas teorías matemáticas, fértiles en ideas y
problemas,
posiblemente con aplicaciones para resolver
otros problemas abiertos en matemáticas y para revelar niveles de la realidad
más profundos que hasta ahora habían permanecido en la penumbra.
La
matemática y los juegos han entreverado sus caminos muy frecuentemente a lo
largo de los siglos. Es frecuente en la historia de las matemáticas la aparición de una observación ingeniosa, hecha de forma
lúdica, que ha conducido a nuevas formas de pensamiento. En la
antigüedad se puede citar el I Ching como origen del pensamiento
combinatorio, y de tiempos más modernos se puede citar en este contexto a Fibonacci, Cardano, Fermat, Pascal, Leibniz, Euler, Daniel
Bernoulli...
Del valor de los juegos para despertar el interés de
los estudiantes se ha expresado muy certeramente Martin Gardner, el gran experto
de nuestro tiempo en la presentación lúcida, interesante y profunda de multitud
de juegos por muchos años en sus columnas de la revista americana Scientific
American: "Con seguridad el mejor camino para despertar a un estudiante
consiste en ofrecerle un intrigante juego, puzzle, truco de mata, chiste,
paradoja, pareado de naturaleza matemática o cualquiera de entre una veintena de
cosas que los profesores aburridos tienden a evitar porque parecen
frívolas"
(Carnaval Matemático, Prólogo).
El
matemático experto comienza su aproximación a cualquier cuestión de su campo con
el mismo espíritu explorador con el que un niño comienza a investigar un juguete
recién estrenado, abierto a la sorpresa, con profunda curiosidad ante el
misterio que poco a poco
espera iluminar, con el
placentero esfuerzo del descubrimiento. ¿Por qué no usar este mismo espíritu en
nuestra aproximación pedagógica a las matemáticas?
A mi parecer, el gran
beneficio de este acercamiento lúdico consiste en su potencia para transmitir al
estudiante la forma correcta de colocarse en su enfrentamiento con problemas
matemáticos.
La matemática es un grande y sofisticado juego que,
además, resulta ser al mismo tiempo una obra de arte intelectual, que
proporciona una intensa luz en la exploración del universo y tiene grandes
repercusiones prácticas. En su aprendizaje se puede utilizar con gran provecho,
como hemos visto anteriormente, sus aplicaciones, su historia, las biografías de
los matemáticos más interesantes, sus relaciones con la filosofía o con otros
aspectos de la mente humana, pero posiblemente ningún otro camino puede
transmitir cuál es el espíritu correcto para hacer matemáticas como un juego
bien escogido.
4.9. Importancia actual de la
motivación y presentación
Nuestros alumnos se encuentran intensamente
bombardeados por técnicas de comunicación muy poderosas y atrayentes. Es una
fuerte competencia con la que nos enfrentamos en la enseñanza cuando tratamos de
captar una parte sustancial de su atención. Es necesario que lo tengamos en
cuenta constantemente y que nuestro sistema educativo trate de aprovechar a
fondo tales herramientas como el vídeo, la televisión, la radio, el periódico,
el cómic, la viñeta, la participación directa...
Pienso que estamos
aun muy lejos de saber aprovechar para nuestra enseñanza las posibilidades
abiertas a través de los medios técnicos de los que ya disponemos actualmente.
Una pequeña sugerencia práctica puede servir de ejemplo. En nuestro entorno
tenemos profesores excelentemente preparados para servir de ejemplos sobre cómo
realizar con eficacia la enseñanza de diversas materias que resultan para la
mayoría un verdadero rompecabezas, por ejemplo, la probabilidad, o sobre cómo
introducir y motivar adecuadamente temas específicos del cálculo o de la
geometría a diferentes niveles. Estos profesores se encuentran a menudo llamados
a muchos lugares diferentes para que repitan las mismas ideas sobre el tema. ¿No
sería mucho más efectivo y menos costoso que algún organismo que no tuviera que
ir en busca del provecho económico produjera una serie de vídeos con estas
experiencias y las hiciera asequibles a un mayor número de personas?
En algunas
regiones de nuestro país, los profesores de los diferentes niveles se han
percatado de la importancia que puede tener un cambio efectivo que se puede
realizar paulatinamente en la sociedad a través de los medios de comunicación
actuales en la percepción de lo que la matemática es en realidad. Las
experiencias son altamente satisfactorias, consiguiéndose en muchos casos a
través de interesantes problemas, mediante la difusión de parcelas de la
historia de la matemática o de sus aplicaciones, la involucración de familias y
poblaciones enteras en actividades que en principio tal vez fueron planeadas
para los estudiantes.
4.10. Fomento del gusto por la
matemática
La actividad física es un placer para una persona
sana. La actividad intelectual también lo es. La matemática orientada como saber
hacer autónomo, bajo una guía adecuada, es un ejercicio atrayente. De hecho, una
gran parte de los niños más jóvenes pueden ser introducidos de forma agradable
en actividades y manipulaciones que constituyen el inicio razonable de un
conocimiento matemático. Lo que suele suceder es que un
poco más adelante nuestro sistema no ha sabido mantener este interés y ahoga en
abstracciones inmotivadas y a destiempo el desarrollo matemático del niño. El
gusto por el descubrimiento en matemáticas es posible y fuertemente motivador
para superar otros aspectos rutinarios necesarios de su aprendizaje, por los que
por supuesto hay que pasar. La apreciación de las posibles aplicaciones del
pensamiento matemático en las ciencias y en las tecnologías actuales puede
llenar de asombro y placer a muchas personas más orientadas hacia la práctica.
Otros se sentirán más movidos ante la contemplación de los impactos que la
matemática ha ejercido sobre la historia y filosofía del
hombre, o ante la biografía de tal o cual matemático famoso.
Es necesario romper,
con todos los medios, la idea preconcebida, y fuertemente arraigada en nuestra
sociedad, proveniente con probabilidad de bloqueos iniciales en la niñez de
muchos, de que la matemática es necesariamente aburrida, abstrusa, inútil,
inhumana y
muy dificil.
5.1. ¿Un desplazamiento hacia la
matemática discreta?
La matemática del siglo XIX y la del XX ha sido
predominantemente la matemática del continuo en la que el análisis, por su
potencia y repercusión en las aplicaciones técnicas, ha jugado un papel
predominante.
El advenimiento de los ordenadores, con su inmensa
capacidad de cálculo, con su enorme rapidez, versatilidad, potencia de
representación gráfica, posibilidades para la modelización sin pasar por la
formulación matemática de corte clásico... ha abierto multitud de campos
diversos, con origen no ya en la física, como los desarrollos de siglos
anteriores, sino en otras muchas ciencias, tales como la economía, las ciencias
de la organización, biología... cuyos problemas resultaban opacos, en parte por
las enormes masas de información
que había que tratar
hasta llegar a dar con las intuiciones matemáticas valiosas que pudieran
conducir a procesos de resolución de los difíciles problemas propuestos en estos
campos.
Por otra parte, el acento en los algoritmos
discretos, usados en las ciencias de la computación, en la informática, así como
en la modelización de diversos fenómenos mediante el ordenador, ha dado lugar a
un traslado de énfasis en la matemática actual hacia la matemática discreta.
Ciertas porciones de ella son suficientemente elementales como para poder formar
parte con éxito de un programa inicial de matemática. La combinatoria clásica,
así como los aspectos modernos de ella, tales como la teoría de grafos o la
geometría combinatoria, podrían ser considerados como candidatos adecuados. La
teoría elemental de números, que nunca llegó a desaparecer de los programas en algunos países, podría ser otro.
Se han realizado
intentos por introducir estos elementos y otros semejantes pertenecientes a la
matemática discreta en la enseñanza matemática inicial.
Sucede que esto parece ser sólo posible a expensas de otras porciones de la
matemática con más raigambre, de las que no se ve bien cómo se puede prescindir.
Aunque parece bastante obvio que el sabor de la matemática del futuro será
bastante diferente del actual por razón de la presencia del ordenador, aún no se
ve bien claro cómo esto va a plasmarse en los contenidos de la enseñanza
primaria y secundaria.
5.2. Impactos en los contenidos de los
métodos modernos de cálculo
Hasta hace no mucho tiempo era frecuente en
nuestras escuelas elementales dedicar una gran energía y largo tiempo a rutinas
tales como la división de un número de seis cifras por otro de cuatro. O a la
extracción a mano de la raíz cuadrada de un número de seis cifras
con tres cifras decimales exactas. O, en cursos superiores, al
manejo con destreza y rapidez de las tablas de logaritmos con su intrincado
laberinto de interpolaciones. Hoy la presencia de la calculadora de bolsillo ha
conseguido que casi todos estemos de acuerdo en que esa energía y ese tiempo
están mejor empleados en otros menesteres. Tales operaciones son muy
interesantes como algoritmos inteligentes y profundos pero como destrezas
rutinarias son superfluos.
En la actualidad, año 1991, en nuestra segunda
enseñanza, así como en los primeros años de nuestra enseñanza universitaria,
dedicamos gran energía y largo tiempo a fin de que nuestros alumnos adquieran
destreza y agilidad en el cálculo de derivadas, antiderivadas, resolución de
sistemas lineales, multiplicación de matrices, representación gráfica de
funciones, cálculo de la desviación típica...
Ya desde hace unos
años existen en el mercado calculadoras de bolsillo que son capaces, sin más que
apretar unas pocas teclas, en unos breves segundos, de hallar la derivada de
(l+(1/x))1/x, de dar su
polinomio de Taylor hasta el término de tercer grado, de representar
gráficamente esta función en un cierto entorno que se pida o
bien de hallar el valor de su integral entre 2 y 3 con gran aproximación.
La inversión de una matriz 8x8 le ocupa a la máquina unos
pocos segundos, una porción mínima del tiempo que se tarda en darle los datos.
El cálculo de la desviación típica de una gran masa de datos es una operación
inmediata. Las soluciones de una ecuación de séptimo grado, incluídas las raíces
complejas, son proporcionadas por la máquina en un abrir y cerrar de
ojos.
Siendo así las cosas, es claro que nuestra enseñanza
del cálculo, del álgebra, de la probabilidad y estadística, ha de transcurrir en
el futuro por otros senderos distintos de los que hoy seguimos. Habrá que poner
el acento en la comprensión e interpretación de lo que se está haciendo, pero
será superflua la energía dedicada a adquirir agilidad en las rutinas que la
máquina realiza con mucha mayor rapidez y seguridad. En la
programación de nuestra enseñanza habremos de preguntarnos constantemente dónde
vale la pena que apliquemos nuestro esfuerzo inteligente y cuáles son las
rutinas que podemos confiar a nuestras máquinas. El progreso de la inteligencia
humana consiste en ir convirtiendo en rutinarias aquellas operaciones que en un
principio han representado un verdadero desafio para nuestra mente y, si es
posible, entregar la realización de tales rutinas a nuestras máquinas. Con ello
podemos liberar lo mejor de nuestra capacidad mental a la resolución de los
problemas que todavía son demasiado profundos para las herramientas de que
disponemos. No temamos que tales problemas vayan escaseando.
La experimentación en
matemáticas, que se hace posible en campos cada vez más intrincados gracias a la
presencia del ordenador y de la calculadora de bolsillo, es otro de los retos
para el futuro de nuestra enseñanza. ¿Converge la sucesión an
(n1/n - (n +
1)1/(1+n))?
Con la
calculadora he escrito la fórmula que proporciona a y luego le he pedido que
calcule unos cuantos valores significativos. Responde:
a100 = 0,037421803; a1000= 0,00594325; a10000 = 0,0008217,...
Este experimento me
da confianza para conjeturar que converge a 0, aunque lentamente, y es bien
sabido lo mucho que una conjetura correcta facilita la solución de un problema.
Por otra parte la calculadora me proporciona la gráfica de la función:
y= x (x1/x - (x + 1)1/(x+1) )
que viene a reforzar nuestra conjetura.
Por otra parte la
capacidad para el cálculo infinitesimal, el álgebra, la estadística, la
representación gráfica, la modelización,... de esta calculadora que realiza
cálculo simbólico, además del numérico, y por supuesto mucho más la de los
ordenadores actuales, potencian claramente las posibilidades de la matemática
elemental para las aplicaciones realistas que hasta ahora estaban vedadas en
nuestros cursos por el exceso de tedioso cálculo simbólico y numérico que habría
que efectuar a mano.
5.3. Hacia una recuperación del
pensamiento geométrico y de la intuición espacial
Como reacción a
un abandono injustificado de la geometría intuitiva en nuestros programas, del
que fue culpable la corriente hacia la «matemática moderna», hoy se considera
una necesidad ineludible, desde un punto de vista didáctico, científico,
histórico, volver a recuperar el contenido espacial e intuitivo en toda la
matemática, no ya sólo en lo que se refiere a la geometría.
Es evidente
que desde hace unos veinte años el pensamiento geométrico viene pasando por una
profunda depresión en nuestra enseñanza matemática inicial, primaria y
secundaria. Y al hablar del pensamiento geométrico no me refiero a la enseñanza
de la geometría más o menos fundamentada en los Elementos de Euclides, sino a
algo mucho más básico y profundo, que es el cultivo de aquellas porciones de la
matemática que provienen de y tratan de estimular la capacidad del hombre para
explorar racionalmente el espacio físico en que vive, la figura, la forma
fisica.
Esta situación, que se hace patente sin más que ojear
nuestros libros de texto y los programas de nuestra educación primaria y
secundaria, no es exclusiva de nuestro entorno. En realidad, es un fenómeno
universal que, a mi parecer, se debe en buena medida a la
evolución misma de la matemática desde comienzos de siglo, más o
menos.
La crisis de los fundamentos de principio de siglo
empujó al matemático hacia el formalismo, hacia el énfasis sobre el rigor, a una
cierta huida de la intuición en la construcción de su ciencia. Lo que fue bueno
para la fundamentación fue considerado por muchos bueno también para la
transmisión de conocimientos. Las consecuencias para la enseñanza de las
matemáticas en general fueron malas, pero especialmente nefastas resultaron para
el pensamiento geométrico. En esa idea de ir a los fundamentos, tal vez
juntamente con una mala interpretación de los análisis de
algunos psicopedagogos sobre la estructura evolutiva del conocimiento del niño,
se basa el énfasis sobre la teoría de conjuntos y la búsqueda de rigor. La
geometría, a nivel elemental, es difícil de formalizar adecuadamente y así, en
este intento, se nos fue por el mismo agujero el pensamiento geométrico, la
intuición espacial y la fuente más importante que por muchos siglos ha tenido la
matemática de verdaderos problemas y resultados interesantes abordables con un
número pequeño de herramientas fácilmente asimilables.
El siglo XIX fue el
siglo de oro del desarrollo de la geometría elemental, del tipo de geometría al
que tradicionalmente se dedicaba la enseñanza inicial de la
matemática, que vivía a la sombra de creaciones muy interesantes y muy de moda
de la matemática superior, tales como la geometría descriptiva, geometría
proyectiva, geometría sintética, geometrías no euclídeas... El mismo sentido
geométrico que estimuló los desarrollos espectaculares del siglo XIX sigue vivo
también hoy en campos tales como la teoría de grafos, teoría de cuerpos
convexos, geometría combinatoria, algunos capítulos de la teoría de
optimización, de la topología... Como rasgos comunes a todos estos desarrollos
se pueden señalar: una fuerte relación con la intuición espacial, una cierta
componente lúdica y tal vez un rechazo tácito de desarrollos analíticos
excesivos.
De estas materias, cuya profundidad se va
manifestando cada vez más claramente, no se ha hecho eco en absoluto la
enseñanza elemental. Solamente son tenidas en cuenta a nivel superior y a nivel
de matemática recreativa. Pero esta matemática recreativa, en nuestro país, no
ha encontrado aún el camino hacia la escuela. Paradójicamente, no permitimos
jugar a quien más le gusta y a quien más se beneficiaria con el juego
matemático.
La necesidad de una vuelta del espíritu geométrico a
la enseñanza matemática es algo en lo que ya todo el mundo parece estar de
acuerdo. Sin embargo, aún no es muy claro cómo se debe llevar a cabo. Es
necesario evitar llegar a los extremos en que se incurrió, por ejemplo, con la
geometría del triángulo, tan en boga a finales del siglo XIX. También hay que
evitar una introducción rigurosamente sostenida de una geometría axiomática.
Posiblemente una orientación sana podría consistir en el establecimiento de una
base de operaciones a través de unos cuantos principios intuitivamente obvios
sobre los que se podrían levantar desarrollos locales interesantes de
la geometría métrica clásica, elegidos por su belleza y
profundidad. Las obras elementales de Coxeter pueden ser tal vez un ejemplo a
seguir en este terreno.
5.4. Auge del pensamiento aleatorio.
Probabilidad y estadística
La probabilidad y la estadística son
componentes muy importantes en nuestra cultura y en muchas de nuestras ciencias
especificas. Deberían constituir una parte importante del bagaje cultural básico
del ciudadano de nuestra sociedad. Es éste un punto en el que todos los sistemas
educativos parecen concordar. Y, efectivamente, son muchos los países que
incluyen en sus programas de enseñanza secundaria estas materias, pero en pocos
esta enseñanza se lleva a cabo con la eficacia deseada. En España, este
fenómeno, a mi parecer, se debe por una parte a la dificultad misma de las
materias en cuestión y a una cierta carencia de preparación adecuada de los
profesores para esta tarea. Tal vez nos falten buenos modelos de enseñanza de
ellas.
A continuación quisiera presentar muy someramente unas pocas sugerencias sobre algunos proyectos a los que, en mi opinión, nuestra comunidad matemática podría y debería prestar una particular atención.
6.1. Atención a la formación inicial y permanente de los
profesores de matemáticas
En 1908, Félix Klein escribía en la introducción de sus
lecciones sobre Matemática elemental desde un punto de vista superior:
«...durante mucho tiempo la gente de la universidad se preocupaba exclusivamente
de sus ciencias, sin conceder atención alguna a las necesidades de las escuelas,
sin cuidarse en absoluto de establecer conexión alguna con la matemática de la
escuela. ¿Cuál era el resultado de esta práctica? El joven estudiante de la
universidad se encontraba a sí mismo, al principio, enfrentado con problemas que
no le recordaban en absoluto las cosas que le habían ocupado en la escuela.
Naturalmente olvidaba estas cosas rápida y totalmente. Cuando, después de acabar
su carrera, se convertía en profesor de enseñanza media se encontraba de repente
en una situación en la que se suponía que debía enseñar las matemáticas
elementales tradicionales en el viejo modo pedante; y puesto que, sin ayuda,
apenas era capaz de percibir conexión alguna entre su tarea y sus matemáticas
universitarias, pronto recurría a la forma de enseñanza garantizada por el
tiempo y sus estudios universitarios quedaban solamente como una memoria más o
menos placentera que no tenía influencia alguna sobre su enseñanza».
Ha pasado
cerca de un siglo y, al menos en lo que respecta a la formación inicial que
nuestros licenciados reciben no creo que se pueda decir que en nuestro entorno
la situación difiere mucho de estas circunstancias indeseables que Klein
describe.
Lo que la sociedad tiene derecho a esperar de la
universidad en lo que respecta a la formación inicial de aquellas personas a las
que les va a confiar la educación matemática de los más
jóvenes se podría concretar en:
- una componente científica
adecuada para su tarea específica;
- un conocimiento práctico de
los medios adecuados de transmisión de las actitudes y saberes que la actividad
matemática comporta;
- un conocimiento integrado
de las repercusiones culturales del propio saber específico.
Cualquiera que
estudie atentamente los programas de estudio de la mayor parte de nuestras
universidades podrá apreciar sus importantes carencias en los aspectos que
podrían conducir a esta formación adecuada de nuestros enseñantes.
A mi
parecer, ni los cursos complementarios añadidos al final de los estudios de
Licenciatura, con el objeto de proporcionar una formación pedagógica razonable
ni los cursillos de formación permanente pueden sustituir razonablemente la
formación intensa que se debería realmente estimular durante los años de
permanencia en la universidad, años en los que el alumno está mucho más abierto
para recibirla.
Pienso que son raras entre nosotros las
universidades que no descuidan abiertamente esta seria obligación con respecto a
la sociedad y que urge poner manos a la obra a fin de remediar esta situación
rápidamente.
6.2. Atención a la investigación en
educación matemática
Como hemos tenido ocasión de ver, la educación
matemática es una actividad interdisciplinar extraordinariamente compleja, que
ha de abarcar saberes relativos a las ciencias matemáticas
y a otras ciencias básicas que hacen uso de ella, a la psicología, a las
ciencias de la educación... Sólo en tiempos muy recientes se ha ido consolidando
como un campo, con tareas de investigación propias, difíciles y de repercusiones
profundas en su vertiente práctica. Se puede afirmar que en el sistema
universitario un tanto inerte de nuestro pais la educación
matemática aún no ha llegado a encontrar una situación adecuada por muy diversos
motivos, a pesar de que ya van formándose grupos de trabajo en los que se
producen resultados importantes.
A mi parecer, es muy necesario, por lo que
a la sociedad le va en ello, que se formen en nuestras universidades buenos
equipos de investigación en educación matemática que ayuden a resolver los
muchos problemas que se presentan en el camino para una enseñanza
matemática más eficaz.
6.3. Atención a la educación
matemática de la sociedad. Popularización de la matemática
La
sociedad de España se encuentra, por tradición de siglos, con una cultura
fuertemente escorada hacia sus componentes humanísticas. En España, cultura
parece ser sinónimo de literatura, pintura, música, ... Muchas de nuestras
personas ilustradas no tienen empacho alguno en confesar abiertamente su
profunda ignorancia respecto de los elementos más básicos de la matemática y de
la ciencia y hasta parecen jactarse de ello sin pesar ninguno. Las páginas de la
mayor parte de nuestros periódicos aún no se han percatado de que las ciencias,
y en particular las matemáticas, constituyen ya en nuestros días uno de los
pilares básicos de la cultura humana. Es más, parece claro que, como afirma
Whitehead, «si la civilización continúa avanzando, en los próximos dos mil años,
la novedad predominante en el pensamiento humano será el señorío de la
intelección matemática».
Sería muy deseable que todos los miembros de la
comunidad matemática y científica nos esforzáramos muy intensamente por hacer
patente ante la sociedad la presencia influyente de la matemática y de la
ciencia en la cultura. Una sociedad con el conocimiento cabal de lo que la
ciencia representa para su desarrollo se hará colectivamente más sensible ante
los problemas que la educación de los más jóvenes en este sentido
representa.
En la comunidad matemática internacional se viene
prestando recientemente una gran atención a los medios convenientes para lograr
abrir los ojos de amplios sectores de la sociedad hacia los beneficios de todos
los órdenes que puede reportar una cultura que integre, del modo debido, ciencia
y matemática.
6.4. Atención al talento precoz en
matemáticas
Es seguro que en nuestras comunidades escolares
existe un cierto número de estudiantes con una dotación intelectual para las
matemáticas verdaderamente excepcional. Son talentos que pasarán a veces más o
menos inadvertidos y más bien desatendidos por la imposibilidad de que los
profesores dediquen la atención personal que se necesitaría. Son personas que,
en un principio ilusionadas con la escuela, pasan a un estado de aburrimiento,
frustración y desinterés que les conducirá probablemente al adocenamiento y a la
apatía, tras un periodo escolar de posible gran sufrimiento.
Por otra parte, son
talentos que podrían rendir frutos excepcionales para el bien común de nuestra
sociedad, si no se malograran, mediante su aporte extraordinario al desarrollo
cultural, científico y tecnológico del país. Constituye una gran responsabilidad
social la indudable pérdida de talento que causa su desatención. En la
actualidad ningún organismo, ni público ni privado, presta atención continuada a
la tarea de detectar, estimular y orientar el talento extraordinario y precoz en
matemáticas, así como tampoco en ninguna otra de las ciencias. Existe, y con
mucha justificación, una atención, apoyo y cuidado especiales con respecto a la
enseñanza del infradotado, pero pienso que apenas se ha prestado atención alguna
a los problemas propios de los talentos precoces en nuestros paises.
Se puede
pensar con cierto fundamento que el talento precoz en matemáticas es más fácil
de detectar y estimular que en otras ciencias. De hecho, existen desde hace
mucho tiempo proyectos realizados con éxito en un buen número de países. Hay
diversos caminos para encauzar el problema y entre ellos los hay que no son de
un coste excesivo, especialmente si se tiene en cuenta el rendimiento a largo
plazo de una actuación bien llevada. Es posible, a juzgar por el efecto que en
paises de nuestro ámbito cultural iberoamericano ha tenido la emergencia de unas
pocas personalidades de extraordinario talento en el desarrollo matemático del
país, que una acción sostenida de detección y estimulo del talento matemático
precoz podría colocar nuestro país en tiempo razonable a una altura matemática y
científica mucho más elevada.

